10 ago 2012

La soledad de Rudisha


David Rudisha protagonizó ayer un alegato en favor de la soledad. En la línea de salida de la final de 800 había otros siete corredores, sí, pero probablemente el keniano nunca se percató de su presencia. Nada más iniciarse la carrera comenzó a correr, despreocupado y mirando sólo hacia delante, sin importarle ninguna otra circunstancia. Siempre en primera posición, sin más rival que uno mismo, el atleta completó dos vueltas al estadio inolvidables y demostró que el ser humano puede tardar menos de 1,41 en hacerlo.


Nadie dudaba de que, tarde o temprano, Rudisha lograría esta proeza. Pero lo verdaderamente inesperado fue la majestuosa exhibición, que apostara por la soledad. Un hombre solo al comando, sin liebres, pistas mágicas o botín en la línea de la meta. Derribando las certezas del medio fondo, el keniano demostró que se puede liderar una prueba desde el inicio y batir el record del mundo en solitario, que se puede desembarcar en Normandía y desfilar en Paris. Que la soledad hay que elegirla y evitar que te venga impuesta. 

No sabemos si se dio cuenta pero detrás de él sí había otros atletas, corriendo como posesos hacia el cielo detrás de su improbable liebre. Todos hicieron su mejor marca personal de siempre, lo que explica el clima de aturdimiento que reinaba en la meta. Seguramente, muchos de ellos nunca pensaron que pudieran llegar tan lejos y experimentaron la extraña  convicción de que no lo hubieran logrado en su vida de no ser por aquel tipo solitario que les torturó durante 800 metros.

La soledad de Rudisha es ya la imagen de estos juegos, que han encontrado por fin su sentido histórico, como lo hicieron los de Los Angeles con Carl Lewis, los de Atlanta con Michael Johnson o los de Pekin con Usain Bolt.

Ah, Bolt. Qué vamos a contar de nuestro amigo Usain, del tipo que incendió los juegos de hace cuatro años y situó los mundiales de Berlin en la historia, del hombre adelantado un par de décadas a su época que podría haber bajado de 9,5 en 100, rozar los 19,0 en 200 e incluso hacer grandes cosas en longitud de no haber tenido una irremediable tendencia a la relajación y la dispersión. Así es el jamaicano. En Londres, como Phelps, ha cumplido el guión. Ha ganado las dos carreras con su habitual facilidad extraterrestre, pero también ha dejado la sensación de que no reventará más cronómetros. Más que nada porque pasa, ya que su actual forma aún le valdría para que cualquier marca comercial o mitin de la Diamond League le preparase las condiciones idóneas para hacerlo. Pero para eso tendría que entrenar duro y sufrir y Usain prefiere irse de vacaciones. Así son los mitos. 

8 ago 2012

Fantasmas y despedidas


Que las cosas siempre pueden ir a peor es algo que Liu Xiang ha asumido esta semana. El atleta chino, emblema de Pekin 2008, ha repetido su actuación de hace cuatro años en los 110 metros vallas. El problema es que, como entonces, no ha superado ningún obstáculo de la primera ronda.

Liu llegaba a Pekin comjo auténtico referente de los juegos y con un país encima, cosa que adquiere especial gravedad si tenemos en cuenta que este país es China. Campeón olímpico en Atenas, el vallista chino mantenía una rivalidad legendaria con el cubano Dayron Robles que se iba a resolver en el nido. Sin embargo, su tendón de aquiles dijo basta y, en una mañana trágica para el pueblo chino, no pudo disputar la carrera.

Ahora, cuatro años después, el atleta buscaba algún leve desquite de aquel trauma nacional. Pero la historia que estaba protagonizando no iba de redención, sino de drama maldito. Nada más escuchar el pistoletazo de salida, se le apareció el fantasma de Pekin y no tuvo más remedio que comerse la primera valla. Se quedó unos segundos sentado, helado, quizás reflexionando sobre maldiciones y asumiendo su destino.


También ha estado muy reflexiva estos días en su desgracia Viktoria Komova. Las medallas de plata que ha obtenido representan esta vez un fracaso que no ha disimulado. Como ya era inevitable su destino en estos juegos, la gimnasta rusa finalizó su participación con un ejercicio desastroso en la barra de equilibrio, cruel metáfora de su estado de ánimo.

A quien también la ha perseguido un fantasma es a la rumana Catalina Ponor. Pero esta vez en forma de la estadounidense Alesandra Raisman. Perdió el bronce en barra tras una reclamación de la gimnasta americana y los jueces le arrebataron el título en suelo al valorar exageradamente un soso ejercicio de su rival. Lo llevó con clase y estoicismo.

No sabemos cómo están llevando los kenianos su participación en el estadio olímpico pero su comportamiento en las carreras de fondo está resultando desconcertante. Amenazan con tripletes, records olímpicos y tiran las primeras vueltas con su habitual majestuosidad, pero después se despiden del oro en medio de una absoluta carencia de táctica y de piernas.

Quien se ha despedido del oro con elegancia ha sido la rusa Yelena Isinbayeva. El mito de la pértiga femenina dijo adiós al trono planetario en el que ha habitado más de una década con una medalla de bronce y una sonrisa. La echaremos de menos.

No sé si extrañaremos tanto a Marta Domínguez, más que nada porque no hemos sabido de ella en Londres. La campeona del mundo de 2009, que ya es madre y senadora, se presentó en los juegos sin competición previa de alto nivel y desapareció de la final de 3.000 obstáculos a la primera de cambio. Tampoco se la vio en la zona mixta. Como un fantasma en su despedida.

6 ago 2012

Tyson Gay y otros perdedores


Tyson Gay rompió a llorar tras la final de 100 metros lisos de los Juegos de Londres pero sus lágrimas no eran tanto una respuesta a su cuarto puesto (9,80) sino a la certeza de que nunca hubiera podido con Usain Bolt. Era un llanto aplazado que se debió producir en 2010 o 2011 y que ayer emergió en la intimidad, eclipsado por otros protagonistas.

El velocista norteamericano ha protagonizado un reto enorme, legendario. Pero nadie se ha enterado. Campeón del mundo en 2007, tuvo que ver por televisión cómo Bolt asombraba al mundo en Pekin e intuyó lo que iba a suceder en 2009 en Berlin. Sin embargo, Gay creyó en sí mismo y en una empresa imposible: ganar al jamaicano. Así, mientras su extrovertido rival se dedicaba a descansar y divertirse, se encerró durante dos años con disciplina militar para ser el campeón del mundo en Daegu 2011. Su sacrificio obtuvo resultados. Igualó la marca del jamaicano en Pekin (9,69) y le espantó de la competición en 2010 tras ganarle alguna carrera (Bolt alegó molestias y se retiró hasta 2011). Todo estaba dispuesto para un duelo histórico en Corea del Sur. Sin embargo, una inoportuna lesión echó por tierra dos años de trabajo ermitaño. La ironía o la justicia poética hizo que el jamaicano tampoco disputara aquella final de 100, que debió de ser eterna, tras cometer una ridícula salida nula.

Gay derramó ayer esas lágrimas que la historia le reservaba para Daegu. Lo hizo exiliado del foco de atención, en una esquina del estadio olímpico, fuera del podio, superado por su viejo rival Gatlin y alejado de crónicas pomposas. Ya está en la historia de ilustres perdedores.

Quien no se encuentra en esta entrañable nómina, pese a no ganar la final de 10.000, es Kenenisa Bekele. El heredero de Gebreselassie no tuvo opciones reales de ganar su tercer oro olímpico en la distancia en una carrera que estaba ganada de antemano por el británico Mo Farah. Tampoco nadie lo esperaba. Pero el etíope se obcecó y no renunció a superar en la leyenda a su maestro. Derrota previsible, segura, aburrida. Pero que humaniza a Kenenisa.

Hay quien pudiera pensar que la pifia de McKayla Maroney en la final de salto femenina también la humaniza. Pero no, más bien la deja en ridículo. La gimnasta norteamericana es tan superior a sus rivales en este ejercicio que hasta a los jueces les dio vergüenza expulsarla del podio tras caer de culo en su segundo salto. Así que le regalaron la plata, aunque ella hubiese preferido que la tragase la tierra.

Quien también perdió esta final fue la ahora alemana Oksana Chusovitina, que saca a la norteamericana un par de décadas. A sus 37 años, la alemana pone fin a su carrera, en la que ha inventado hasta un salto. Como Gay, también lloró, pero sus lágrimas no pueden estar más alejadas. Ya está en el olimpo.

4 ago 2012

Douglas y Komova: la alegría y la trascendencia


Gabrielle Douglas consiguió el pasado jueves la medalla de oro de gimnasia pero lo curioso fue que la logró sin perder la sonrisa y la frescura. Como si estuviera en su gimnasio de Iowa en la última hora de su entrenamiento antes de ir a tomar un helado, la gimnasta de 16 años accedió al trono de los Juegos de Londres con una serie de ejercicos correctos rematados siempre por una expresión de felicidad contagiosa.

Gabrielle Douglas

En contraste con la alegría americana, la rusa Viktoria Komova dio un recital de sufrimiento y trascendencia. Su expresión de dolor cuando vio a la americana incendiar al pabellón en su ejercicio de suelo fue dramática e inolvidable. Sabía que tendría que hacer un ejercicio de diez y ni aún así tendría muchas posibilidades de desbancar a su rival. Todo dispuesto, pues, para que el riesgo que debía tomar la llevara al suelo y al ridículo. Sin embargo, con la frialdad de tiempos soviéticos, Komova se marcó un ejercicio inolvidable, majestuoso, perfecto.

Komova (derecha) sufre durante la competición

Douglas y Komova no se saludaron al finalizar la competición, confirmando que representan dos almas, dos visiones del mundo antagónicas. Las de la alegría despreocupada y la grave trascendencia.

El que ha superado ya esta fase de dudas existenciales o feliz ingenuidad es Michael Phelps. Ya está por encima de cualquier filosofía. Él disfruta en estos juegos de su homenaje y se ha dado el lujo de ganar dos oros más con tranquilidad funcionarial, como el japonés Uchimura en gimnasia masculina.

Ah, llegaron las medallas españolas. Nadie esperaba unas carreras así de Mireia Belmonte. Tampoco ella. Fueron dos platas monumentales, de gran campeona, cosa que no pensábamos que estuviera al alcance de la catalana. Lo de Maialen Chorraut estaba en las previsiones pero las previsiones hay que cumplirlas, que pensará Jordyn Wieber, quien el jueves compartió con Komova la gravedad de la derrota ante una sonrisa despreocupada que parecía querer salir corriendo a comprar un helado.

1 ago 2012

La rutina de hacer historia


Desde hace cuatro años, Michael Phelps sabía que el 31 de julio de 2012 se iba a covertir en el mejor deportista de la Historia. Este olimpo diferido, esta certeza absoluta de la gloria, debe de ser agotadora. Porque el nadador de Baltimore ya tocó el cielo y logró su momento para la eternidad en la piscina de Pekin, con sus brutales ocho oros, y era obvio que las medallas que necesitaba en Londres iban a caer casi por inercia. Así que, como un príncipe heredero esperando durante años a subir al trono, el estadounidense se ha pasado este tiempo manteniendo la forma, viendo cómo otros jóvenes iban superándolo y preparando sus palabras de agradecimiento que por fin pronunció ayer. Para Phelps, esto de Londres no eran unos juegos, era un homenaje. 

Decimoctava visita de Phelps al podium olímpico

Como las hazañas seguras resultan aburridas, buscamos nuevos héroes en la piscina. Agnel, Franklin o la lituana de 15 años Meilutyte llenan en 2012 las crónicas elogiosas de los diarios. También encontramos a la china de 16 años Ye Shiwen, pero aquí los textos periodísticos desprenden un aire a thriller. En este caso, más allá de lo que nos parezcan sus marcas, hay algo de cruel en que una niña de esta edad tenga que leer este tipo de páginas sobre sus triunfos.

Yannick Agnel

Comparten también con Phelps la engorrosa rutina de hacer historia el equipo americano de baloncesto o Usain Bolt. Por suerte para el jamaicano, ha surgido un candidato serio en las pruebas de velocidad, su compatriota y supuesto amigo Johan Blake, lo que le hace más llevadera la espera.

Como las medallas de Phelps y quizás con la excepción de la hazaña francesa en la piscina, los primeros días de los Juegos están impregnados de cierta previsibilidad. Las críticas a la organización, las fases previas de los deportes de equipo, la ansiedad española, los resultados por equipos en gimnasia. Esperamos con impaciencia nuevos héroes, hazañas inesperadas, los rostros que acompañarán a Yannick Agnel en los resúmenes de dentro de cuatro años.

El de la gimnasta estadounidense Gabrielle Douglas puede ser uno de ellos. Ayer, ella y su equipo nos regalaron una serie de ejercicios perfectos que hicieron hervir al pabellón de North Greenwich, y nos recordaron que la previsibilidad de una victoria, la rutina de hacer historia, pueden también esconder belleza.

Douglas celebra el triunfo junto a sus compañeras



30 jul 2012

Alexandre y Ye, la pareja improbable


Por edad, Alexandre Vinokourov podría ser el padre de Ye Shiwen pero la casualidad ha querido que el parentesco se reduzca a dos actuaciones increíbles en los primeros días de Londres 2012. Como un fantasma del pasado, el ciclista kazajo, sancionado dos años por dopaje en 2007 y acusado por algunos medios de haber comprado la victoria en la Lieja-Bastogne-Lieja de 2010, ha ganado a los 38 años (sí, 38 años) la medalla de oro en ciclismo en ruta, al tener a su edad más piernas que el resto de la fuga de veintitantos corredores que burlaron la vigilancia de la selección británica. Desde el futuro y para poner aún más a prueba nuestra paciencia, nos ha visitado la nadadora china, de 16 años, quien ha rebajado cinco segundos su plusmarca personal y un segundo el record del mundo de 400 estilos, y ha nadado la última piscina al ritmo de la carrera masculina (sí, los últimos 50 metros al nivel de uno de los mejores de todos los tiempos, Ryan Lochte). Esta pareja improbable debería hacer que nos planteáramos seriamente acompañar con alcohol las tardes olímpicas, pero uno tiene ya mucho aguante y se conforma con tabaco.

Ye Shiwen, tras nadar los últimos 50 como Ryan Lochte

Por otro lado, ha resultado verdaderamente clarificadora la actitud de nuestros chicos del fútbol, incapaces de meter un gol a las potencias de Japón y Honduras, que han demostrado unos maravillosos modales de macarras subiditos. Para ser sinceros, es un alivio que la selección haya sido eliminada, porque el fútbol en los Juegos es como ese cuñado inaguantable al que no soportas pero tiene que estar. Esperemos que ahora Televisión Española se digne a ofrecer en directo por La 1 las pruebas importantes de la competición: el atletismo, la natación y la gimnasia.

En referencia a estos deportes, y como no podía ser de otra manera, ya han comenzado los habituales lamentos patrioteros cuatrienales sobre el pobre nivel español en las disciplinas básicas. Nada sorprendente. En este país se alienta a los niños a que se conviertan en el macarra subidito de la clase que juega al fútbol y no existe estructura ni afición para crear las condiciones desde la base y tener alguna opción en este tipo de competiciones. Con apuntar que el último mundial de atletismo no fue emitido por ninguna televisión española y nadie se escandalizó, ya está todo dicho.

Por lo demás, las cosas van más o menos como estaba previsto, salvo la absoluta pobreza de la ceremonia de inauguración que nos brindó el cineasta Danny Boyle. Algunos medios han demostrado una incompetencia o, en el mejor de los casos, una amnesia sorprendente al comparar este bodrio flojito y cutre con la brutalidad que vimos en Pekin, espectáculo grandioso y desmedido que será difícil de igualar en décadas. Y es que los chinos lo mismo te organizan una barbaridad irrepetible post comunista siglo XXI que te bajan un segundo el record mundial en una piscina. Y se quedan tan anchos. Como Ye Shiwen, que considera que hizo una carrera mejorable en la final de 400 estilos: “Me queda margen de mejora porque no sé nadar bien la braza, ni hago los virajes correctamente, ni soy tan buena en mi crol”. Pues en crol nadas como Ryan Lochte, hija mía.



26 jul 2012

Banderas y cabreos


Quizás porque ya cansaba un poco el asunto de la equipación española o de los tropecientos mil preservativos destinados a la villa olímpica, el caso es que ayer, primer día de competición, sólo nos llegaron cabreos y tensiones desde Londres. Como una lección a quienes huimos en estas dos semanas de las noticias económicas buscando cierta tregua olímpica, el estrés nos recuerda que es una realidad universal.

Así, el equipo femenino de fútbol de Corea del Norte se pilló un rebote de cuidado cuando sus jugadoras fueron presentadas bajo la bandera surcoreana, en una demostración empírica inapelable de que los graciosillos también existen en Escocia. Bien es cierto que las jugadoras podían haber aprovechado para revelar al mundo que en su país también se practica algún tipo de sentido del humor, cosa que permanecerá todavía en el misterio, pero cualquiera se atreve. Además, en el día en que su líder supremo anuncia al mundo que está casado, un incidente diplomático con repercusiones mundiales tiene su punto. El encuentro comenzó con una hora de retraso tras las disculpas de la organización, aunque la delegación norcoreana mantuvo, en un alarde de perspicacia, que la bromita fue premeditada. En todo caso, el equipo demostró en el campo que, además de geopolítica, saben jugar al fútbol y vencieron fácilmente a Colombia.


Aunque, pensándolo bien, los enfados infantiles por este tipo de confusiones protocolarias no son patrimonio de las dictaduras brutales. Hay que ver cómo se puso el equipo español de Copa Davis cuando, en la final de 2003 en Australia, sonó el Himno de Riego. También nos negamos a jugar y provocamos un conflicto, enseñando al planeta que aquí, sí, mucho cachondeo pero, en cuestiones de banderas e himnos, tan estirados como los norcoreanos.




Para ser sinceros, quien se ha tomado todo esto con más sentido del humor ha sido el ciclista Alberto Contador, al que, ahí es nada, le han puesto el himno danés y el franquista de Pemán.






Las tensiones olímpicas no finalizaron en Pyongyang, sino en las entradas de la natación. La superarquitecta Zaha Hadid, que ha diseñado el centro acuático, se despachó a gusto con el comité organizador al recordar que no ha sido invitada a ningún evento. No ha aclarado si mantiene la esperanza de que le regalen tickets para los Paralímpicos.

Además, la nadadora española Duane da Rocha, dedicó unas cariñosas palabras a la federación en Twitter: “¡Ya estoy harta y no me pienso quedar callada! En la Real Federación Española de Natación son todos unos impresentables, que son los  primeros para colgarse una acreditación pero no son capaces de facilitarme a mí, que sí que me he ganado a pulso estar en unos JJOO, unas entradas para que mis padres estén en la grada apoyándome. Gracias otra vez por esta piedra en el camino hacia mi sueño…”. Esperemos que esto no afecte a la notable deportista y que sus padres, desde donde quiera que sea, la vean competir en la final.

Duane Da Rocha

25 jul 2012

La maldición de Barcelona 92


Al columnista David Gistau no le agradan los relevos en el Gobierno porque le hacen sentir un presidente más viejo. Del mismo modo, a los que nos gustan los deportes, los Juegos Olímpicos nos obligan también cada cuatro años a asumir nuestra edad. Y esta ocasión resulta aún más engorrosa, ya que se cumplen veinte de Barcelona 92 y, claro, los medios nos bombardean nostalgia sin piedad.


Ah, Barcelona 92. No fueron unos juegos especialmente inolvidables en lo deportivo. Ganaron los españoles, sí, pero no hubo grandes gestas para la Historia, salvo la atracción de la presencia de los jugadores de la NBA. No tuvimos una carrera como la de Ben Johnson y Carl Lewis, ni a Sabonis ganando al equipo universitario de Estados Unidos, ni a Michael Johnson volando en el estadio, ni a Argentina doblegando a la selección americana de baloncesto, ni a Michael Phelps o a Usain Bolt entrando en el Olimpo. Pero fue todo estupendo.

Habría que recordar los años y meses previos, con el habitual catastrofismo hispano augurando que íbamos a fracasar nuevamente, que las obras no estarían terminadas, que inevitablemente haríamos el ridículo. Pero no fue así. No, aquello no era el Mundial 82, todavía con su barniz cutre y fatalista. En esos días de Barcelona, sorprendentemente, nos salió todo bien.

Los más cursis hablaron de que en aquel "Hola" orgulloso y estruendoso del estadio Olímpico y en aquellos gritos de júbilo y abrazos en todos los hogares cuando la flecha de fuego alcanzó su objetivo se escondía el adiós a un siglo muy jodido y nuestra presentación ante el mundo moderno. No lo sé. Pero sí recuerdo que algo especial debieron de tener aquellas dos semanas porque mi abuelo, que nunca se había interesado por los deportes, se pasó los días pegado a la televisión viendo la competición de piragüismo, de judo o de lo que fuera, y celebrando el gol de Kiko, la recta de Cacho o las canastas del Dream Team. No sé, quizás él, que había vivido la Guerra Civil y los oscuros años del siglo XX, sentía como una necesidad, un deber o puede que como una especie de recompensa celebrar aquellos Juegos. Lo cierto es que, una vez acabaron, no volvió a mostrar ningún interés en los deportes, ni a ver fútbol, atletismo o baloncesto o, por supuesto, piragüismo o judo.

Más allá de discutibles referencias históricas, a los que ya tenemos cierta edad Barcelona 92 nos persigue como una maldición. Una carga que nos recuerda cada cuatro años el mejor verano de nuestra vida y nos devuelve esa amargura del cuarentón que se encuentra en el metro con su primer amor. Y nos advierte de que ya no tenemos abuelo y sí veinte años más.



17 jul 2012

Lanzallamas para gobernar la tierra yerma


Puede parecer divertido que los protagonistas de Bellflower se dediquen a la entrañable y baldía tarea de fabricar un lanzallamas para gobernar la tierra yerma tras el apocalipsis, que creen inminente. Pero, si se piensa en poco, nuestras vidas tampoco andan muy lejos.


Evan Glodell ha construido, quizás involuntariamente, una metáfora sorprendentemente generacional. Dos jóvenes desocupados sin aparente futuro que viven de no se sabe muy bien qué pasan la vida bebiendo cerveza, recordando películas de la infancia, construyendo armas y soñando con patrullar el planeta en su Mother Medusa tras la hecatombe. Mientras tanto, se enamoran con torpeza preadolescente, se desengañan y se hunden en un lodazal de sangre y abandono. 

Si a ello le sumamos una dirección forzadamente cutre y ochentera, con una fotografía amarillenta y desenfocada, se completa uno de los productos más interesantes y locos de los últimos años, donde cabe el indie americano más convencional, la nostalgia ochentera más freak, la road movie más romántica, el cine apocalíptico de inspiración zombie más retro y contemporáneo, y el baño de sangre más gratuito. Y, pese a ello, hay una extraña sensación de coherencia brutal en el conjunto, de desesperanza y broma absurda post Mad Max, post Tarantino. Post todo.  

Obviamente, a la película se le pueden poner muchos reparos (inconsistencia narrativa, excesos dramáticos con tendencia a la brutalidad, cierta pretenciosidad innecesaria en el mensaje,…) e incluso machacarla con lamentables argumentos objetivos. Pero qué puede importar todo esto si tenemos en cuenta que el propio director (y guionista y actor), además de escribir este maravilloso despropósito, fabricó las armas caseras que aparecen en el film y tuneó los coches y hasta la cámara con que rodó la obra. Genial y perturbado, como su película.

Bellflower no se ha estrenado aún en España y es posible que no lo haga nunca, quizás porque aquí preferimos el llamado indie facilón y vomitivo que esconde la comedia romántica más conservadora y dañina. O porque quizás en el fondo sospechamos que construir un lanzallamas para gobernar la tierra yerma tras el inminente apocalipsis es tan baldío y entrañable como estudiar una carrera, tener una cuenta en Twitter o escribir un blog.

16 jul 2012

Chinchetas, disparos, españoles


Evans y su equipo, de charleta ayer en la cima de Pegueres

Sugiere Cadel Evans que tirar chinchetas en las carreteras antes del paso de los ciclistas es una práctica habitual en España. Parece ser que el australiano no corre ya mucho por aquí porque, ya se sabe, es por todos conocido, que los españoles nos dedicamos a vaciar los cajones de clavos cada vez que se acerca una carrera para, amparados en nuestra milenaria gracia, arrojarlos a la calzada minutos antes de que pase el pelotón. No seré yo quien lleve la contraria al todavía campeón del Tour de Francia pero, más allá del gamberrismo patrio, convendría también que Evans organizara un poco su equipo, más que nada por no dar los bochornosos espectáculos ofrecidos ayer en el puerto de Pegueres y en la Vuelta de 2009. Que una cosa es pinchar y otra hacer el moonwalk en la cima de un puerto.




A quien no debió sorprender ayer esta hostilidad del público fue a Óscar Freire, a quien en el Tour de 2010 no le pusieron clavos en el asfalto, sino que le dispararon con una pistola de balines. Se ve que a alguno (en aquella ocasión, Evans no culpó a los españoles) no se le ocurrió mejor idea que practicar su tiro en la bajada de un puerto, alcanzando al ciclista español y a neozelandés Julian Dean.

Freire muestra un disparo recibido durante una etapa del Tour 2010

Pero aún más traumáticos para los ciclistas fueron los abucheos, insultos y hasta escupitajos que recibieron por parte del público francés, esta vez sí, en una de esas etapas que decidieron no disputar en la edición de 1998. Aquel año, la policía decidió registrar los hoteles en busca de sustancias dopantes y, por ello, los equipos españoles decidieron abandonar la carrera. Porque, ya se sabe, es por todos conocido, que en España se practica tolerancia cero hacia el dopaje.