28 nov 2012

Scariolo


De Sergio Scariolo envidiamos sobre todo su elegancia. Este italiano de libro, con encanto para expulsarte de una sala con sólo abrir la puerta, ha ocupado el puesto de seleccionador español de baloncesto durante los últimos tres años. Pero eso es lo de menos porque estamos convencidos de que el resultado hubiera sido el mismo estando en el banquillo Phil Jackson o mi abuela.

Sospechamos que la generación del 80 ha practicado siempre la autogestión. Que se reúnen cada verano para pasar unas vacaciones entre amigos y, ya que están allí, dar en los ratos libres unas lecciones de baloncesto. Y entendemos que el papel del técnico se reduce a no molestar demasiado. Por eso, su pizarra en los tiempos muertos la sentimos siempre como una amenaza.

Hoy Scariolo ha anunciado que no va a continuar. No se le echará mucho de menos porque vamos a tener bastante trabajo el resto de nuestra vida haciéndolo con sus jugadores. Se va con dos oros europeos y una plata olímpica, ante el cercano ocaso de estos chicos que asombraron al mundo en el Mundial juvenil del 99. Pero también consciente de que probablemente su lugar en la historia de este equipo se reducirá como mucho a una nota a pie de página.

Asumir el reto de entrenar a este conjunto ha tenido cierto encanto suicida. Cuando tu único objetivo se centra en no cagarla, aumentan exponencialmente las posibilidades de naufragar. Seamos serios, dirigir a esta selección española de baloncesto es tan aterrador como jugar al trivial con los participantes de Gandía Shore. Sólo se puede fracasar. Y hay que reconocer que esa amenaza perpetua de abismo la llevó siempre Scariolo con insultante elegancia.

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